“[…] y el tiempo vive junto al mar.”

Pablo Neruda

Mi amiga Molly les llama dinosaurios a estos descendientes de esas especies que las glaciaciones se llevaron, los pelícanos. Hoy, andan con sus picos rondando los acantilados y cazando peces que guardan en su buche, para cuando aprieta el hambre. Los veo, sobre todo de tarde, secando sus patas y acicalando sus plumas. Son cuidadosos y solemnes. Se yerguen estirando el cuello y llevándose el pico al pecho como si hicieran una reverencia. Y esa reverencia es al mar, al tiempo, a las olas, a la abundancia de la marea, al sol, a la luna y a mí. Los descubrí observándome, mientras los enfocaba y se acomodaban sin mucho pensarlo… ¿acaso posaban?

Gaviota

Blanca, sonriente y apacible. Parecería que nada te despeina. Siempre pulcra, garbosa, alegre, te entregas a los tuyos sin escatimar. Eres un ave libre. Si hay sol, tu canto me llega de cálido saludo… si amanece nublado, se transforma en el grito de un presagio lúgubre. Todavía no sé por qué se dice de una persona suficiente que “se cree la mamá de los pollitos” y no la mamá de las gaviotas…

María Dolores Bolívar

Cormorán

Este ojiazul, solitario y gruñón, Phalacrocorax Carvo, vive en los acantilados. Se le conoce como el cuervo marino. Si te acercas y tienes paciencia, te mostrará sus ojos, su pico, sus patas y sus alas. No dejes de observarlo con calma y tiempo. Es distinguido, esbelto y la flexibilidad de su cuello resalta de tan expresiva y original. Uno diría que puede hacer girar su cabeza sin límites, lo mismo cuando. vigila que cuando se retira a descansar.